Una noche que significó un recorrido musical a través de una cuidada selección de obras, el concierto evocó la esencia del teatro musical, combinando tradición, virtuosismo y diversidad estilística.
La velada se inició con La vida breve de Manuel de Falla, una obra cargada de intensidad emocional que reflejó el dramatismo y la profundidad del imaginario andaluz. A continuación, el Premier Quatuor, op. 53 de Jean-Baptiste Singelée, en sus movimientos Andante y Allegretto, aportó elegancia y claridad formal, representando el refinamiento del romanticismo europeo y el equilibrio en el diálogo entre las voces.
El contraste llegó con Andante et Scherzo de Eugène Bozza, donde la expresividad lírica del primer movimiento se enfrentó al dinamismo y virtuosismo del segundo. La evocación española continuó con Sevilla de Isaac Albéniz y la Danza española n.º 2, Oriental de Enrique Granados, piezas que destacaron por su riqueza rítmica, su colorido y su sensibilidad melódica.
El carácter teatral se hizo explícito en Rossini… per quattro, inspirado en el estilo brillante y humorístico de Gioachino Rossini. Finalmente, la suite de Porgy and Bess de George Gershwin, con movimientos como Summertime o It ain’t necessarily so, fusionó la tradición operística con el jazz, cerrando el programa con una energía vibrante y profundamente expresiva.
Así, el concierto no solo evocó el mundo de la ópera, sino que trazó un mapa sonoro en el que París emerge como punto de encuentro artístico, cultural y estético.