Hablar de Rubén Blades es hablar de historia viva de la música latina. Porque lo suyo no es solo música para bailar: es música para sentir, para pensar y para quedarse un rato más. Es por eso que el pasado 15 de julio, el artista panameño no necesitó artificios para conquistar a su público de la Plaza de España. Le bastó una orquesta de más de una veintena de músicos, un repertorio que forma parte de la historia de la música latina y un discurso que, casi medio siglo después, continúa tan vigente como el primer día.