Cuando era pequeño, Camille oía a su hermano mayor, Matthieu, ensayando escalas con su violonchelo y aquello le parecía extraño, como un ritual al que nadie más podía acceder… A lo largo de los años, cada uno fue tejiendo su propia relación con la música, su propia visión; hacia la canción para uno y hacia el jazz y las músicas del mundo para el otro.
Poco a poco, se fue dibujando un nuevo espacio común, como si los hilos se entrelazaran para crear un camino que se pudiera explorar juntos. Camino de cuerdas por supuesto, cuerdas de violonchelo y cuerdas vocales. Cuerdas tan similares que se confunden, se ajustan y se mezclan con magia. En este nuevo proyecto, los dos hermanos tienden cabos, puentes entre sus universos para dar luz a un nuevo territorio musical; territorio sensible, aéreo, infinito... En el se mezclan acentos orientales, de jazz o de blues, como en la emocionante versión de “Strange Fruit”, así como un universo lírico con el arco virtuoso de Matthieu y la voz hipnótica de Camille.