Noche lluviosa de Julio de 1791. A las puertas de un atribulado, enfermo y eternamente endeudado Mozart llama un misterioso personaje vestido y embozado de negro.
Aleksandr Pushkin en su poema «Mozart y Salieri» (1832) pondría en boca del compositor austriaco “…Oí que me llamaban; salí afuera. Un hombre completamente vestido de negro se inclinó cortésmente ante mí, me encargó un réquiem y desapareció.”